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   En las épocas clásicas encontramos información sobre lo que encontraban hermoso mediante la escultura. Los escultores y los arquitectos estaban obsesionados con la belleza, y lo que encontraban hermoso era lo que era proporcional, y esto les transmitía armonía.

 

   El canon de belleza, proviene mitológicamente de Afrodita, diosa de la belleza. Diosa conocida por su nacimiento del mar, proveniente de que Crono cortase los genitales de Urano, su padre. Por su cuerpo perfecto en la época clásica, es denominada la diosa de la belleza.

 

 

 

 

Las épocas clásicas

   La escuela Pitagórica encontró una fuerte conexión entre las matemáticas y la belleza. En particular, notaron que los objetos que poseen simetría son más llamativos. Un cuerpo era considerado como bello cuando todas sus partes estaban proporcionadas a la figura entera, tanto en las mujeres como en los hombres cuya belleza se basaba en la simetría. Claro está que a pesar de esto, hay algunas diferencias entre el ideal femenino y el masculino debidas, claro está, a la concepción cultural.

 

 

La Venus de Milo, escultura representativa de Afrodita, diosa de la belleza

   Las esculturas de las mujeres representan a mujeres más bien robustas y sin sensualidad, los ojos eran grandes, la nariz afilada, boca y orejas ni grandes ni pequeñas, las mejillas y el mentón ovalados. Daban un perfil triangular; el cabello ondulado detrás de la cabeza, y los senos pequeños y torneados. En cambio el ideal masculino estaba basado directamente y exclusivamente en los atletas y gimnastas, puesto que a los atletas y a los dioses se les atribuían cualidades comunes: equilibrio, voluntad, valor, control, belleza. Algunos de estos rasgos los podemos encontrar en esculturas como El Doríforo de Policleto, El Apolo de Belvedere y la Venus de Milo que nos sirven como ejemplos del ideal artístico y de la concepción de lo bello.

 

                      A continuación ofrecemos los ejemplos más notables de lo que consideraban en aquella época como bello:

 

   Nuestro ejemplo femenino es Friné, era la amante y musa favorita de Praxíteles, quien se inspiró en ella para la creación de varias esculturas de la diosa Afrodita.

 

   El ejemplo masculino sería Antínoo, ha sido muy representado en el arte, especialmente en la escultura, y su enigmática figura ha captado la atención de numerosos artistas.

 

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