Muy a menudo se habla de la necesidad de seguir una “alimentación saludable” ya que sobre este elemento se hacen descansar muchas de las circunstancias de nuestra salud. Sin embargo, no es fácil encontrar una definición integradora de todos los elementos que debieran caracterizar dicho concepto.
Salud
NUTRICIÓN
Si mantienes unos hábitos alimentarios sanos, gozarás de una buena salud. Como decía el médico griego Hipócrates, “el alimento sea tu medicina, y la medicina tu alimento”. Si comes bien podrás reducir varios factores de riesgo relacionados con la enfermedad coronaria: colesterol elevado, presión arterial alta, diabetes tipo 2 y obesidad.
¿En qué consiste comer sano?
Los médicos destacan 5 cualidades que deben de tener todas las comidas:
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Completa: que incluya productos de todos los grupos alimentarios. Al combinarlos, te aportarán los nutrientes necesarios: tanto macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) como micronutrientes (vitaminas y minerales).
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Equilibrada: hay que tomar cantidades apropiadas de alimentos, pero sin excesos.
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Suficiente: intentar que cubra las necesidades del organismo para asegurar las funciones vitales y permita mantener el peso corporal adecuado.
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Variada: la mezcla de diferentes alimentos te proporcionará los aportes de vitaminas y minerales que tu organismo necesita.
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Adecuada para cada individuo: adapta tu dieta a tus necesidades (edad, sexo, actividad, historia clínica, constitución corporal, hábitos alimentarios, época del año...).
Comida basura
Comer es necesario para el funcionamiento del cuerpo. La comida es el combustible de las células de nuestros órganos para renovarse y para hacer su trabajo. Es lo que nos da energía para movernos, para pensar y para vivir. Pero no todo vale.
El fenómeno de la comida basura se está extendiendo cada vez más debido a los restaurantes de comida rápida. Muchas de sus comidas contienen diferentes nutrientes que no son adecuadas para el organismo, como por ejemplo, los altos niveles de grasa. Además, el ritmo de vida al que estamos sometidos nos quita tiempo para llevar a cabo una alimentación sana y nutritiva.
Con tan solo una ración de comida rápida se ingiere más de la mitad de la energía diaria necesaria. Si a ello añadimos la energía aportada por el resto de comidas del día, el contenido energético de la ingesta total se dispara y se favorece el sobrepeso u obesidad.
Las grasas saturadas y el colesterol son abundantes en estos productos debido a las salsas a base de huevo, mantequilla, nata, manteca y otros ingredientes grasos que se emplean en su elaboración, y a las ingentes cantidades de aceite a la hora de freir.
Dietas milagro
La obsesión del ser humano de conseguir un cuerpo perfecto puede llegar a ser extrema. Muchas personas recurren a dietas milagro para conseguirlo pero no siempre alcanzan el resultado esperado. La mayoría de ellas no están supervisadas por un nutricionista y conllevan a poner en riesgo la salud de la persona.
Estas dietas prometen una pérdida de peso rápida y con poco esfuerzo. Estas dietas contienen una escasa ingesta de energía, lo que puede producir alteraciones en el metabolismo. Además, esto puede acarrear una carencia de vitaminas y minerales, debido a una alimentación desequilibrada. Producen efectos psicológicos negativos y trastornos en el comportamiento alimentario.
Al tratarse de dietas desequilibradas, el cuerpo recurre a las reservas de emergencia almacenadas en los músculos. Así, se reduce masa muscular y no grasa. Por eso se pierde peso rápidamente. El resultado de este régimen es nefasto. Las dietas milagro pueden incluso degenerar en problemas de sobrepeso, debido a una alimentación desequilibrada, derivando incluso en desajustes en el organismo.
