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   La fe y la moralidad cristianas impusieron un recato en las vestimentas y  la desaparición del maquillaje, que se consideraba contrario a la moral cristiana. Pensaban que desfiguraba lo que Dios había creado, lo que contrasta con el uso de maquillajes excesivos utilizados en épocas anteriores, como la egipcia. El cristianismo tenía tanto poder en la Edad media que aplicó una censura a la hora de representar cuerpos desnudos lo que propicio que cuando tenían que mostrarse, como en la Caída de Adán y Eva o El Juicio final, los cuerpos se esquematizaran al máximo para quitarles cualquier matiz de sexualidad.

La Edad Media

 

   Hay que hacer una apreciación entre el canon de belleza masculino durante la Edad Media y el canon de belleza femenino, ya que son completamente distintos.

 

   La sociedad Europea y en general del mundo occidental tiene una marcada tradición judeo-cristiana y el concepto de pudor y su seguimiento a rajatabla, tuvo el mayor auge durante la Edad Media. Así una mujer debía ser recatada, de tez blanca que se asociaba con su pureza y llevando vestimentas que no dejaran entrever ni un ápice de su cuerpo, que era un instrumento de pecado y de provocación para los demás hombres.

 

   Pero, en el caso del hombre, el canon es completamente diferente.  Si hay algo que define el canon de belleza masculino desde más o menos el siglo XI hasta finales del siglo XVI, son dos cosas. Una, la exaltación de la virilidad por medio de los símbolos fálicos en la vestimenta, o simplemente por la exaltación de caracteres típicamente masculinos, como los músculos de las piernas o los genitales, que acabaron con mostrar a un hombre prácticamente “hipersexuado”. Y otra gran característica fue, la vinculación y asociación de este canon con el mundo militar, del que derivó por completo su silueta, a medida que avanzó la Edad Media y cuanto más importancia tomaba el mundo militar dentro de la sociedad, más acabó por influenciar a la moda.

   El cuerpo de un hombre de la Edad Media era tan objetivado como era el cuerpo de una mujer, o incluso más, llegando a puntos de completa admiración por su cuerpo, por parte de las mujeres y de las amadas. Se veía al cuerpo del hombre como algo bello y digno de ser admirado y así también era erotizado, en contraposición al cuerpo de la mujer al que sólo se veía cómo una vía hacia el pecado. Era especialmente apreciado el cuerpo del hombre joven, que era completamente  seductor y atrayente, y cuyo cuerpo y atributos eran tan comentados, amados y descritos como los del cuerpo de una mujer.

 

   Podemos poner una fecha a este principio de canon,  y sobre todo al principio de poner énfasis a la sexualidad y los órganos sexuales del hombre hacia finales del siglo XI y esta tendencia perduró estando en auge y dentro de la moda hasta bien entrado el siglo XIX, aunque la Edad Media tuviese su fin en el siglo XV. Así estamos hablando de un canon de belleza que perduró durante más de siete siglos, aunque tuviese su mayor auge en el medievo, debido en parte por ser la gran época de la caballería, las justas y los romances, porque la mayoría de protagonistas de ellos eran jóvenes atractivos y fuertes, enfundados en sus vestiduras ajustadas y dispuestos a luchar por su honor, o por una amada.

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